Muchos profesionales todavía explican la liberación miofascial como si estuvieran “rompiendo adherencias” o “soltando un nudo”.
Esto simplifica demasiado el fenómeno.
Organicemos el razonamiento.
1 – El aumento de sensibilidad no es solo “inflamación”.
Es una respuestas de protección.
Hay cambios en la perfusión, aumento de sensibilidad periférica y modulación del tono muscular. El tejido está en estado de alerta.
2 – La presión lenta y sostenida no “aplasta el músculo”.
Promueve:
— estimulación de mecanorreceptores
— modulación aferente
— cambio en el umbral nociceptivo
— ajuste reflejo del tono
La sensación de “relajación” es principalmente neuromoduladora.
3 – No es una reorganización mágica de la fascia.
Es una respuesta del sistema nervioso ante una carga mecánica aplicada de forma controlada.
El tejido no cambia sus propiedades, solo cambia la tolerancia al estimulo.
4 – La reducción del dolor es resultado de:
— modulación periférica
— influencia en vías descendentes
— cambio temporal en la rigidez aparente
— modificación en la percepción de amenaza
5 – ¿Y cuándo no funciona?
Cuando el punto doloroso es consecuencia de:
— Daño estructural (desgarro)
— Sensibilización central
— Origen nociceptivo no es en el local
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